Victor García de la Concha, 76 años, catedrático de literatura española en la Universidad de Salamanca, la más antigua del mundo- tras Bolonia- miembro de la Casa desde 1992 y , desde 1998- “ya casi doce años, estoy en el último tramo de mi mandato, en el final”- su Director: “la Española”. La Real Academia, el Director que ha culminado precisamente las dos o tres etapas más importantes de esa Real Casa, que está de glorioso estreno de un acontecimiento de excepción. De ahí su presencia en el escaño apacible de los conversadores de LEER.
¿Qué es un filólogo? Quien se ocupa, amorosamente, de la ciencia de las palabras, quien coincide en intersecciones gramaticales con el lingüista, con el semiólogo. Y estamos en la gran factoría de las palabras, donde son sometidas a todas las pruebas antes de servirlas en los escaparates del diccionario. Y ya el formidable lingüista americano Noam Chomsky- grande gurú, por otra parte, de la más indisciplinada y libertaria izquierda política USA y, también, defensor entusiasta de la libertad de Prensa de la que goza su país, la más alta del mundo a su entender, aunque deplore la “invasión” en los medios de las grandes corporaciones políticas o económicas – estableció que la capacidad del hombre para comunicarse mediante sonidos y palabras está ya impresa en sus genes más primigenios y recónditos, como el sistema inmunológico o el aparato respiratorio.
Este conversador, generacionalmente perteneciente a los tiempos del estructuralismo antropológico de los sesenta, de la interacción de las partes en un todo lingüistico que el suizo Ferdinand de Saussure inició para que Levi Strauss trasladara sus intuiciones a la antropología de los tristes trópicos, lo crudo y lo cocido, el existencialismo, Freud… el lenguaje como compendio, síntesis y manifestación de una suprarrealidad que pasa por la adivinación de otro genio, aquel formidable e inofensivo pedófilo (Lewis Carroll) que convierte a Humpty Dumpty en un lingüista ciertamente pragmático y a su debate con Alicia sobre los muchos significados de las palabras – que ha ilustrado sentencias del Tribunal Supremo de los Estados Unidos, discursos de las Cámaras de los Lores y de los Comunes, etcétera- y aquel grandioso remate argumental: “Lo importante es saber quién manda”. Nada mejor para averiguarlo que a través de las palabras y en este caso, de la Casa en la que las ordenan, limpian, clasifican, explican donde sin duda saben muy bien quién manda.
Está, como decía, “la Española”, de estreno gozoso, con la Nueva Gramática, colosal empeño que suscita admiración por las dimensiones del esfuerzo y del que se escribe larga y detalladamente en este número de LEER. También figura este conversador en el índice de la obra, aunque lo sea con un libro del que es coautor; algún día acaso haga acopio, antología de “obra” como inventor de palabras. Mientras, le brindo una al amable Director: “pulsión”.
Y acaso un levísimo, cosmético “pero” a esta gran Gramática, ese estridente color naranja de la obra, idéntico al del recientemente editado Atlas cronológico de la Historia de España, del que se responsabilizó otra Academia hermana, la de la Historia que, curiosamente, dirige otro asturiano, Gonzalo Anes. Como si alguien hubiera tratado de perpetrar ese inocente jueguecito subliminal de sustraer subrepticiamente la identidad de una obra y trasladarla taimadamente a otra, ejercicio propio de carteristas y descuideros subliminales con voluntad de engaño y tan inadecuado para académicos que ,seguramente, se explicará y deberá a una inocente e involuntaria coincidencia en el uso de un color ciertamente llamativo y muy “de moda”, tan hastiados ya por el uso del los clásicos azul y rojo o del ya sobreabundante verde.
Es la nueva Gramática sobre la que el Director de la Academia que la ha alumbrado se esfuerza en subrayar el carácter “ no autoritario” de las nuevas normas gramaticales que han presidido tan formidable esfuerzo, en el sentido más intelectual y académico de la palabreja – “antiautoritario”- , la capacidad de las voces para significar cosas distintas y hasta opuestas en función de los adverbios de tiempo y de lugar, del ayer y el hoy, del entonces y el ahora, del aquí o allá, del acá o allí.
Y este Director, que predica con el ejemplo del polisémico frenesí de su propio apellido: concha de vieira, concha de apuntador, jacobea concha de peregrino, la playa de la Concha, más conchas que un galápago, encerrado en su propia concha, concha de carey, mango de concha. Y el significado más procaz, del que tanto saben los argentinos, tan presentes también, a través de su Academia, en la elaboración de esta Gramática: “la concha de la lora”, uno de los peores insultos que se le pueden infligir a un argentino y llegar a dar ocasión a que brote el centelleo de los cuchillos gauchos con cualquier borgiano hombre de esquina rosada: lo que digo con el pico lo sostengo con el cuero…”Hágase a un lao, se lo ruego, que soy de la tierra ‘el Fuego”. La concha de la lora, el coño de la madre, la ofensa, la más blasfema para aquellos de allá tan inmersos en la cultura de la mamasita, la mamita del alma querida, desde los letristas de boleros, tangos o milongas a la “mammy” de Al Jolson en “The jazz singer”, “El cantor de jazz”, el primer filme sonoro de la historia (1927).
El periodista, escritor y colaborador de LEER José Luis Martín Prieto, tras sus muchos años en Buenos Aires como corresponsal y delegado de El País, periódico del que fue uno de sus fundadores esenciales- también, casado con una argentina, la doctora Cristina Scaglione- ha relatado en ocasiones cómo aquella muchacha adolescente de doce, trece, catorce años, mucama sexual del dictador Juan Domingo Perón, obsequiaba con intempestivas, arduas, laboriosas felaciones nocturnas al mandatario, ataviado para la ceremonia con sus más ampulosos atuendos austrohúngaros de general del ejército argentino. La destreza en el uso de la boca le mereció a la servicial muchacha el apodo de “La piraña”, acaso con cuatro filas de dientes como un Gran Blanco; y con su “concha de muñeca”.
Y hasta la evocación de uno de los “sketches” más disparatadamente surrealistas, más memorables de aquel “Tip” del dúo glorioso de la Transición, “Tip y Coll”, enfrentados a una majestuosa mariscada, cigalas, almejas, ostras…Tip, devorando una almeja como una famélica nutria marina, sorbiendo ansioso las entrañas del bivalvo: “Esto se come todo, esto se come todo…” Coll: “¿Y la concha?...” Tip: “¡Se casóoo…!” A buen seguro que Victor García de la Concha conoce mejor que nadie todas y cada una de las variantes y bifurcaciones semánticas de su apellido.
Director; antes que nada, la reconocida enhorabuena por el estreno. Y en pocas palabras, enuncia, por favor, algunos significados que acoten la dimensión de esta obra magnífica que editan la RAE y Espasa con la participación activa de las 21 Academias hermanas…
Esta gramática goza, de entrada, de un reconocimiento general. Por primera vez tenemos una gramática del español a la altura de las grandes gramáticas de las grandes lenguas europeas y del mundo. No teníamos una gramática como la de Cambridge, ni tampoco como la francesa. Ahora contamos ya con ésta, con una que posee ese mismo nivel de excelencia o incluso superior. Y hablo con la libertad de quien tiene un simple papel de timonel en esta barca (el nombre clave en la elaboración de esta Gramática es, ha sido, sin duda, el del también académico y filólogo Ignacio Bosque, ponente de la obra). En segundo lugar es, por primera vez, una gramática del español total. Todas las gramáticas, hasta hace poco, estaban basadas en el español europeo, en el de España y no por falta de ganas para elaborarla con criterios más ambiciosos. Como ya se señalaba en la advertencia de la Nueva Gramática de 1973, el déficit de estudio del español americano se debía a falta de organización y por supuesto de medios. Ahora ya la y los tenemos, y es riquísima y exhaustiva. En tercer lugar, algo sin duda importante: es colectiva y consensuada por todas las Academias hermanas. Aquí empieza un problema que Ricardo Senabre no supo entender (se refiere al también lingüista y catedrático de Teoría de la Literatura y Literatura comparada de la Universidad de Salamanca, la misma que acoge la cátedra de De la Concha, que ha sido uno de los pocos autores, sino el único, que se han manifestado críticamente sobre algunos aspectos parciales de la Nueva Gramática y que también ofrece sus opiniones en este número de LEER); desde hace años, todas las Academias cambiamos el concepto de norma. La norma no es una decisión arbitraria de la Academia sino que es una variable más de la descripción de una lengua; es decir, te sitúas ante una lengua, la estudias, la analizas y uno de los aspectos que detectas es la valoración de los hablantes de los distintos usos. de las distintas construcciones, a nivel culto o no, al nivel del especialista o al popular, de la gente de la calle. Lo que hace la Academia es estudiar las percepciones que los hablantes tienen del nivel de corrección de sus propias expresiones, ya que todo el mundo sabe que una expresión se puede usar de coloquialmente pero quizás no sea adecuado utilizarla en un discurso formal.
El pueblo como soberano de su propia lengua…
Horacio y Quintiliano dijeron que el uso es el supremo criterio de una lengua y, por tanto, la lengua evoluciona y cambia. Dámaso Alonso luchaba porque en España en vez de decir élite se dijera “elite” porque es una palabra francesa y muchos discípulos suyos siguieron luchando por eso. Un día Valentín García Yebra (académico), gran luchador por la lengua, sacó esta vieja disputa y pregunté a Vargas llosa cómo lo decía y me respondió que élite, que era como se decía en todos los lugares de América, así que le tuve que decir a Yebra que la norma era cambiada por el uso y que tal había sido la suerte de aquella palabra.
Esta gramática tiene otros dos aspectos respecto de la norma que son importantes. La norma es una variable más de la descripción, sancionamos mediante normas lo que decide el pueblo mediante el uso. Por primera vez tenemos la conciencia de que la norma no es unitaria sino policéntrica. Aquello que aquí es incorrecto, en otro lugar es correcto o viceversa. Y tercera variable: en el Diccionario Panhispánico de Dudas, que es un diccionario de corrección, utilizábamos un criterio muy rígido porque el pueblo hablante necesita conocer cuales son las normas de corrección que del propio pueblo vienen y que la Academia ha sancionado y creamos un signo, la “bolaspa”, un aspa dentro de una bola para señalar variantes y, cuando empezamos a cuestionar la gramática, las utilizamos y cuando llevábamos ya tres años, decidimos que resultaba excesivo porque había una cantidad enorme de “bolaspas”, de matices de acuerdo con la gran cantidad de cambios recogidos. Entonces establecimos que la norma es policéntrica que, de todas maneras, no es menos claro pero se matiza el aquí y el allí; a medida que vayamos haciendo las versiones manual y básica de esta gramática seremos más claros y más concisos porque para una gramática popular ya no puedes adentrarte en tantos matices. En marzo y septiembre de este año 2010 se editarán el tercer tomo y los dos manuales que completarán final y definitivamente la obra.
La Nueva Gramática en cifras…
Hemos tardado once años en elaborarla, han trabajado en ella 123 personas, el coste total ha sido en torno a los 500 millones de las antiguas pesetas, (unos tres millones de euros). El coste adicional se debe a que, al participar en su elaboración todas las Academias, las 22, ello implicó gran cantidad de viajes y reuniones en América y en España.
¿ La Gramática como best seller?
Pues sí, se está vendiendo mucho aunque todavía se venderá más la manual. Todas, la Nueva Gramática, el tercer tomo, el manual, los editará Espasa. En América, la básica, que aparecerá en pocos meses, sólo en ventas institucionales, se venderá a tres dólares. Al público será un precio de cinco o seis dólares y en España costará en torno a los diez euros.
Veo que para esta obra la RAE ha cambiado de editorial, porque la anterior obra citada, el Panhispánico de Dudas, lo editó Alfaguara…
Pues sí, exactamente. Porque la Academia Española no tiene compromisos editoriales con nadie. Somos libres y, en este caso, Espasa tenía tras de sí la gran tradición de colaboración con la Academcia y, además, estaba nuestra gran consideración y el respeto y agradecimiento que sentimos hacia esa casa. La Editorial Espasa se portó generosa y magníficamente con la Real Academia Española durante los años duros del régimen anterior, del franquismo, en los que esta Casa no gozó precisamente del favor político, sus recursos económicos eran limitadísimos y Espasa sostuvo, ayudó mucho económicamente a la Academia. Y eso no se puede, no lo podemos olvidar.
A lo largo de los ya doce años de tu mandato como Director, la Academia ha editado el citado Panhispánico de Dudas, y esta gran obra de la Nueva Gramática. Además, se ha saneado la economía de la RAE, conocida hasta hace pocos años por su tradicional frugalidad y su falta de recursos. Eso ha sido también obra de tu administración. ¿Podría hablarse de un éxito personal tuyo, de tu administración?
No. No, exactamente. Para ser justos, y yo intento serlo, he de decir que este rumbo lo trazó, lo inició el Director anterior, Fernando Lázaro Carreter, que fue quien sentó las bases de la actualización y el saneamiento económico de la Academia y uno de los puntos clave de todo ello fue la creación de la Fundación pro Real Academia Española, que es la que canaliza su unión y conexión con la sociedad española. Cuando Fernando terminó su mandato durante el cual yo había sido su secretario, me dijo que si accedía al cargo de Director me quedaban dos cosas, dos grandes tareas por hacer: la consolidación económica de la Casa y la gran operación de América. Y creo que he cumplido ambos cometidos, que eran sin duda necesarios. En esta casa trabajan setenta personas en plantilla pero normalmente funcionamos con más de un centenar. Yo creo, no obstante, que lo más importante que he hecho ha sido la intensificación, dinamización y culminación definitiva de la relación de la RAE con América. Yo he sido el primer Director en la historia de esta Casa que ha visitado las 21 academias hermanas y algunas de ellas más de una vez.
Principalmente he intentado impulsar una política lingüística panhispánica, es decir, que los grandes códigos que vertebran la unidad de la lengua, esto es, el diccionario, la gramática y la ortografía, sean obras no sólo de la RAE sino de ella y de las otras 21 academias, es decir, obras de conjunto, sin excluir ni una sola peculiaridad de la lengua. Y eso, creo que se ha logrado.
¿ Presupuesto actual de la RAE?
Mil cien millones de pesetas anuales, menos de siete millones de euros.
Ricardo Senabre, al que has mencionado antes, y que reconoce ese gran acierto de lo “panhispánico” de la Obra, dice, entre otras cosas- y por citar a la única voz parcialmente crítica- que en las entradas se advierte un cierto desdén hacia lo literario y hacia sus autores.
Hay es donde creo que el error de Ricardo es mayor. En la lingüística actual se ha sobrepasado ese criterio de autoridad de la lengua. La lengua tiene gran cantidad de niveles y registros. Donde se percibe mejor la vitalidad y cambios de la lengua es en la Prensa y por ello hemos trabajado con más de trescientas publicaciones, aproximadamente un setenta por ciento procedentes de América, de Hispanoamérica principalmente y el 30 ciento restante, procedentes de España. No hay que fijarse en el número de obras que aparecen de un autor determinado, porque puede aparecer una sola obra de un autor y tener en cambio muchísimas citas. Tampoco hay que perder de vista que los autores de best sellers o los periodistas tienen muchas entradas, mientras que un autor que escribe una gran obra de creación literaria, puede que no sea quien mejor refleje algún aspecto la lengua, un vocablo de terminado o el español del momento.
También la palabra “Nueva” del epígrafe de la obra ha sido criticada como inadecuada…
A ese asunto he de decir que le dimos muchas vueltas. Tardamos mucho tiempo de tomar una decisión. Teníamos una tradición mediata que es la Gramática del año 1971, que ya era, también, “Nueva”. Aquella era el esbozo de una nueva gramática que no se logró culminar. Nueva porque ya el planteamiento de entonces estaba acorde con la evolución y las nuevas tendencias de la lingüística. Dámaso Alonso, Samuel Gil Gaya y Rafael Lapesa armaron aquella obra.
Esta Gramática de ahora es, por primera vez, una obra del español total, como he dicho, que resume y compendia todo el trabajo de investigación lingüística y gramatical de los últimos decenios. Así se ha comenzado esta nueva trayectoria, esta nueva singladura lingüística. De ahí lo de Nueva.
La vieja historia de siempre, Director ¿Española o castellana?
La gramática de la RAE que en 1771 comenzó llamándose “de la lengua castellana”, desde el año 1925 es la “de la lengua española”. Nuestro criterio es claro y creo que correcto. Si hablo en relación con otras lenguas de España no digo el español y el gallego sino el castellano y el gallego, naturalmente. Pero a la hora de hacer una gramática universal, hay que utilizar el rótulo universal y este no es otro que el de “español”.
Un dato que ha sorprendido a muchos durante la solemne ceremonia de la presentación de la obra con la presencia y la participación de los Reyes: conocer que los más de 450 millones, cerca ya de 500 millones de hispanoparlantes constituyen la primera lengua del planeta, si excluimos el mandarín, que lo habla mucha más gente (cerca de 800 millones) pero solo se utiliza en China.
Por hablantes de lengua materna, según estudios de la UNESCO, pues sí, el español es la segunda lengua después del chino mandarín. Mas de diez, casi once millones de hispanoparlantes por encima del inglés, por cierto.
(Ay, las lenguas como factor de división, enfrentamientos y pugnas. Y guerras. El Génesis y su torre de Babel, la ira de Yahavé contra la soberbia de los hombres que querían llegar al cielo, soberbiamente plasmada por Brueghel el Viejo en su famoso óleo su tabla de la torre en espiral que quiso vanamente alcanzar los firmamentos. En este caso, sin embargo, la aparición de la Nueva Gramática ha estado acompañada por la inauguración exitosa de otra “torre” de significados menos sombríos que los de la de Babel, más apacible y menos fatídica, la del rascacielos más alto del mundo- por ahora-, el Burj Dubai en el Golfo Pérsico, de 160 plantas y 800 metros de altura).
Director; el español es lengua romance como el gallego, el catalán o el rumano y la aparente falta de convivencia de las lenguas que existe dentro de la península, dentro de España entre esas lenguas romances- especialmente con el catalán, aunque también hayan surgido problemas recientes con el gallego- a un observador imparcial acaso le parezca extraña, un tanto rara, disparatada incluso.
Esa pugna, esa lucha, esa pelea sólo está en los despachos políticos, no en las calles. El otro día escuché a un comentarista televisivo decir que vive en Cataluña y que nunca ha tenido un problema con la lengua y él es vasco. Mi padre fue juez en Galicia durante catorce años, yo estuve de profesor como catedrático de Instituto en La Coruña, tengo dos hijas nacidas en Vigo y no hay un solo problema en las calles, igual que en Cataluña, donde también fui profesor. Y nuestras relaciones, las de esta Casa, con las correspondientes Academias del catalán, la del gallego y la del euskera son óptimas; en el acto solemne de presentación de la Nueva Gramática participaron las tres, estaban las tres presentes. El problema está en algunas actuaciones políticas que son las que crean y promueven los problemas, a veces de manera totalmente artificial.
Además de filólogo también eres teólogo, has estudiado Teología en la Universidad Georgiana de Roma…
Tuve una etapa clerical en el seminario de Oviedo donde recibí una muy buena formación y después fui a estudiar a Roma, lo que me dio una excelente formación en lenguas clásicas, tradición que venía del Siglo de Oro y de los jesuitas, frente a las corrientes erasmistas, y que empezó a implantar la Ratio Sudiorum (plan o método de estudio) que fomentaba la latinidad. A finales del Siglo XVI, Fray Luis de León, en la introducción al Libro Tercero, De los nombres de Cristo, defiende que la lengua romance servía para poder tratar materias nobles, ya que todos los tratados estaban escritos en latín y esa formación continuó así hasta el siglo XX. Lamentablemente, las humanidades se han abandonado o postergado en la enseñanza en nuestro país, lo que es algo que resulta deplorable, una gran, una enorme pérdida. La gran literatura del Siglo de Oro se asienta sobre la esencia grecolatina de la lengua y de la cultura española. En este punto conozco una anécdota sin duda elocuente. En Oviedo donde estudié con Emilio Alarcos, había un cura muy popular que era capellán del Real Oviedo y malvivía a base de dar clases en colegios de monjas, clases que le malpagaban y pensó que si tenía un título universitario quizás le iría mejor. Alarcos era un agnóstico con fama de anticlerical aunque no lo fuera en la realidad. Marcelino, que así se llamaba el cura, se acercó a Alarcos y le pidió su ayuda para estudiar una carrera y hacerlo de manera rápida. Alarcos habló con Roca Franquesa que era un profesor de literatura y éste le dijo al cura: “No estudie más a autores que sean curas o monjas”. Y al cabo de unos días el cura le respondió: “¡Coño, pero si lo son todos, o son curas o son monjas!”. Y la verdad es que hasta un determinado momento histórico así había sido….
¿Cómo contemplas el presente, el futuro y la expansión de nuestra lengua?
Se va extendiendo de forma clara en el mundo. En Brasil, por ejemplo, va a ser la segunda lengua oficial Y en este sentido, todas las Academias están haciendo un trabajo muy importante y cuando aprobamos el texto básico de la Gramática en Medellín, el rector, Juan Ramón de la Fuente le preguntó al Rey si recordaba algún acto donde los 22 asistentes hubiera dicho unánimemente “sí” a alguna cosa. Las Academias somos apolíticas, en el momento que se pronunciasen políticamente irían hacia atrás, sería un retroceso claro. Nosotros mantenemos unas relaciones óptimas con todas ellas, incluso con la de Cuba, con la que no hay ningun problema y, además, jugamos limpio con las instituciones hermanas. No ejercemos prepotentemente de Academia preponderante y eso que la RAE es la Hermana Mayor por razones obvias, orígenes, antigüedad y demás. Y repartimos los beneficios económicos de las obras ex sequo, es decir, Bolvia, por ejemplo, o cualquier otra, percibe lo mismo que la Española. Debo decir que el ochenta por ciento de mi tiempo como director está dedicado a América, y eso es algo que ya no tiene marcha atrás en el curso de nuestra gran política de unidad.
(Admite De la Concha las críticas con buen ánimo, con educada y sonriente campechanía, incluso las más desaforadas. Incluidas las del desternillante boletín republicano “La Fiera Literaria”, mensual ingenuamente clandestino por su muy reducida distribución, especializado en arremeter con la pluma cargada de vinagre contra la Academia y contra muchos académicos, novelistas especialmente. En su último número de Enero de 2010, “La Fiera …” reproduce un artículo del académico, periodista – uno de los periodistas de la RAE, junto con Juan Luis Cebrián, Miguel Delibes, Luis María Anson, Mario Vargas Llosa…- y novelista Arturo Pérez Reverte, titulado “Permitidme tutearos, imbéciles”, aparecido en un semanal y redactado con el personalísimo estilo de P. Reverte, con su áspero contenido de imprecaciones y epítetos entre lo injurioso y lo testicular, siguiendo quizás la tradición iniciada por otro académico ya desaparecido, Camilo J. Cela, todo un virtuoso del dicterio y ex abrupto. Y como una forma de aplicar el ventilador al estiércol y arremeter contra Gobierno y Oposición, equiparándolos en estulticia cultural, a los que “mienta la madre” (sic), casi “la concha de la lora” de todos ellos. La respuesta de “la Fiera” es aún más feroz que el texto de Reverte: “Permíteme que te tutee, gilipollas”; está firmado por Cristina Aguilar).
Director: un asunto que ha estado muy frecuentemente en los medios, que ha suscitado muchas críticas hacia esta Casa. Me refiero a la forma de elección de sus miembros, un tanto medieval, menestral, todo eso de los oficios, un militar, un cura, un sociólgo, un periodista, etcétera, a juicio de algunos. Ha quedado ya como anécdota conocida aquella de Romanones, que optaba a la Academia y tras obtener la promesa de apoyo de numerosos académicos, al final no le votó nadie. Su comentario ha quedado para la posteridad: “joder que tropa”, o similar.
Bueno, la forma ha evolucionado, sin duda, aunque no sé si debidamente. Ahora tenemos un almirante (Eliseo Alvarez Arenas, 72 años) entre los académicos, pero no tenemos un eclesiástico. Por ejemplo. Pero la Academia es soberana. Tres académicos firman una candidatura y se vota secretamente y ésta o sale o no sale. Somos 46 académicos con tres vacantes pero una se cubrirá pronto con Inés Fernández Ordóñez. En la Academia hay tres grandes bloques: el de los creadores, los que más nombre han dado y dan a la RAE; el de los lingüistas y filólogos y el de los representantes de las distintas áreas del pensamiento y las ciencias. El procedimiento es muy limpio: se presenta la candidatura y hace falta tener la mitad más uno de los votos de los académicos para que salga uno de los candidatos.
(El viejo, conocido discurso del poder político y económico proyectado sobre la Cultura en un país tan acostumbrado a ello como España, donde la democracia ha sido una breve e intermitente flor de estufa y su subsuelo cultural sigue impregnado de todas las viejas esencias de dictaduras, pronunciamientos y espadones, falangismos y nacionalcatolicismos, , y donde los premios y castigos se otorgan en tantos casos desde el poder, – suplementados y apoyados por sus densas mallas mediáticas que difunden, con el consabido acompañamiento de azúcar, la vida, obra y milagros de los premiados-.)
Digamos, Director, que para muchos, esta Casa ha sido siempre la encarnación institucional del aforismo marxiano: el lenguaje dominante siempre es el de la clase dominante. Y del lenguaje de la clase dominante a las instituciones de la clase dominante que lo cobijan, protocolizan y sancionan. Y si el poder coloca como académicos a personalidades escogidas previa y deliberadamente, la ceremonia del voto, secreto o no, no tendrá demasiada importancia…
Evidentemente. Eso es cierto. Es verdad. Pero, por ejemplo, Franco quiso meter a sus gentes, nombrar a sus académicos y te aseguro que no metió a tanta. Por cierto, la República había disuelto las Academias y, aunque continuaron con grandes dificultades su labor, sólo comenzaron a reponerse en plena guerra civil. Y en ese momento hay figuras como Pedro Sainz Rodríguez o José María Pemán, que fue un gran caballero, que cuando, por ejemplo, Menéndez Pidal regresó a España, le abrió las puertas y le devolvió su cargo de Director, que desempeñó hasta su muerte. Hubo gente que estaba con Franco y otra que no lo estaba. Además, la Casa hizo oídos sordos a la pretensión de Franco de retirar el título de académico a algunos republicanos exiliados como Salvador de Madariaga, que incluso seguían votando, enviaban su voto por correo. Esta Casa está por encima de la política. Y digo lo mismo que decía Laín Entralgo: La Academia es una casa noble. Y lo es porque se dedica a una función noble y porque, por ejemplo, Torcuato Luca de Tena (diario ABC) tomaba asiento junto al dramaturgo Buero Vallejo y ambos hablaban y dialogaban amistosamente. Y he de decir que eso sigue siendo así.
(Una anécdota molesta, desagradable y aislada, que el propio Director deplora: durante la toma de posesión de José María Merino, el pasado mes de abril como académico, a un majadero no se le ocurrió otra cosa que expulsar del gran Salón al vestíbulo a los periodistas- incluida la representante de LEER- dándole así a la Academia la imagen de cubil, de secta cultural excluyente y emanada del poder político, que es justamente lo contrario de lo que debe ser y pretende ser la Academia que dirige De la Concha).
¿Qué opinas, Director, del hecho de que haya dos asturianos al frente de las dos principales Academias, tú al frente de la Española y Gonzalo Anes como Director de la Academia de la Historia?
Hubo más casos, como Don Alejandro Pidal y Don Ramón Menéndez Pidal, que eran parientes. No creo que tenga una especial significación; ambos somos personas de diálogo y consenso y mi relación con la de la Historia es excelente. La tradición ilustrada sigue viva. Uno de mis parientes perteneció simultáneamente a las tres Academias – la Española, la de la Historia y la de Jurisprudencia- (en la actualidad, Carmen Iglesias es académica de la Española y de la de la Historia), su padre era íntimo amigo de Jovellanos, llegó a tener una biblioteca de trece mil volúmenes y yo me crié en esa tradición.
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